Estas extrañamente calmado; cerraste la puerta del baño con llave, a pesar de que tu familia no estaba en casa, y abriste el botiquin con cautela.
Sonreiste con burla al ver las cuchillas tan presentes, tan a simple vista, reiste pir lo bajo ante la ingenuidad de tu familia, y felicitaste tus dotes de actor, al hacerles creer que habias abandonado esa idea absurda, tan convincente que incluso esa mujer que decia querer ayudarte, te creyó.
Sin embargo las pasaste de largo, esta vez tu intencion era diferente, no buscabas divertirte, reir de sus caras aterrorizadas, burlarte de sus miedos. Esta vez, querías terminarlo de verdad.
Alcanzaste algunas pastillas que eran de tu hermano mayor, dos tabletas de comprimidos coloridos que servian para mantenerlo estable. No sabias que clase de medicamento eran, solo sabias que si controlaban la epilepsia de tu hermano en el estado en el que estaba, serian capaces de matarte.
Sacaste cuatro pastillas y las sostuviste en tu palma, con cuidado, con delicadeza.
Parecian tan inofensivas, tan inertes, y sin embargo, estaban a punto de cumplir tu deseo.
Con la otra mano llenaste un vaso de agua y lo dejaste en el piso, devolviste todo a su lugar, y te sentaste con pesadez.
Cualquiera que te viera pensaría que estabas demente, que no habria que dejarte solo, o que al contrario, lo mejor era no acercarse.
Por ultima vez, reiste con locura, con demencia y ansiedad, reiste con burla hacia todos, con desprecio, reiste de la ingenuidad de los que te rodeaban.
Sujetaste el vaso, acercaste las pastillas a tu boca y, con una sonrisa, terminaste con todo.
jueves, 7 de julio de 2016
Pastillas
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