viernes, 2 de septiembre de 2016

Sueños.

Estaba soñando, no era la primera vez que lo hacías, y ese sueño en particular se estaba volviendo recurrente. Tu esposa decía que era un presagio, creadora de fantasías absurdas y supersticiones incoherentes.
¿Un presagio de qué? Preguntaste cada vez con voz burlona, y saliste sin querer escuchar su respuesta.
El sueño era confuso, una maraña de oscuridades y sombras que atravesaban las luces como ríos de nada en un desierto de todo, y que al final se convertian en un oceano que se tragaba la iluminación de un bocado y mordía las esperanzas con colmillos afilados.
Era un conjunto de ruidos fuertes, colores arremolinados que buscaban formar imagenes, una voz de mujer que cosas con tono de pregunta que no llegaban a tu mente, y después nada, el sueño siempre terminaba en la nada.
Finalmente una imagen nueva se cruzó, un srmaforo en rojo y una auto blanco extraidos de recuerdos arcanos de hacía unos minutos.
Y reparaste en que ya no estabas soñando.
Y terminó en la nada.

sábado, 20 de agosto de 2016

sense

Rebusqué en mis bolsillos, pero los papelillos no estaban, rápidamente fui a los cajones que estuve a punto de tirar al piso del tirón que di, por la ansiedad. Sabía que revisar una vez más no los haría aparecer pero no tenía nada mejor que hacer. Revolví entre las cosas pero no encontré nada, nada, nada, nada. Sería muy fácil ir a comprar si me dejaran salir.
No hay nada que haga bien. Ni siquiera puedo hacerme mal sin que me descubran. Confié en una negación que no tienen y así de encerrado terminé. Estoy ansioso, me apetece morir, pero no parece importarles. No van a darme cigarrillos para que me calme, no van a hacer nada porque quieren que me cure de mis adicciones ¡Como si yo quisiera!
Esta situación me estresa, no se cuánto voy a aguantar antes de hacer alguna locura. No tengo nada con lo que fumar el tabaco que me queda correctamente. Se me acabaron las reservas, estoy harto de ver la televisión y no tengo una computadora donde encontrar un vicio virtual, aunque podría pedirla.

Parecieron leer mis intenciones así que no me dieron nada, están siendo muy malos conmigo, no lo soporto más. Me recuerda a cuando vivía con mi padre, no, mejor ni me acuerdo. No se qué hacer, me muero de aburrimiento, lo único que se me ocurre para hacer es morirme pero no es una opción. Tengo cosas que hacer cuando salga de acá.

jueves, 7 de julio de 2016

Pastillas

Estas extrañamente calmado; cerraste la puerta del baño con llave, a pesar de que tu familia no estaba en casa, y abriste el botiquin con cautela.
Sonreiste con burla al ver las cuchillas tan presentes, tan a simple vista, reiste pir lo bajo ante la ingenuidad de tu familia, y felicitaste tus dotes de actor, al hacerles creer que habias abandonado esa idea absurda, tan convincente que incluso esa mujer que decia querer ayudarte, te creyó.
Sin embargo las pasaste de largo, esta vez tu intencion era diferente, no buscabas divertirte, reir de sus caras aterrorizadas, burlarte de sus miedos. Esta vez, querías terminarlo de verdad.
Alcanzaste algunas pastillas que eran de tu hermano mayor, dos tabletas de comprimidos coloridos que servian para mantenerlo estable. No sabias que clase de medicamento eran, solo sabias que si controlaban la epilepsia de tu hermano en el estado en el que estaba, serian capaces de matarte.
Sacaste cuatro pastillas y las sostuviste en tu palma, con cuidado, con delicadeza.
Parecian tan inofensivas, tan inertes, y sin embargo, estaban a punto de cumplir tu deseo.
Con la otra mano llenaste un vaso de agua y lo dejaste en el piso, devolviste todo a su lugar, y te sentaste con pesadez.
Cualquiera que te viera pensaría que estabas demente, que no habria que dejarte solo, o que al contrario, lo mejor era no acercarse.
Por ultima vez, reiste con locura, con demencia y ansiedad, reiste con burla hacia todos, con desprecio, reiste de la ingenuidad de los que te rodeaban.
Sujetaste el vaso, acercaste las pastillas a tu boca y, con una sonrisa, terminaste con todo.

sábado, 21 de mayo de 2016

Basura (sin terminar)

Realmente no tenía idea de por qué había aceptado acompañarlas a esa maldita juntada de ex compañeros, no le guardaba especial aprecio a ninguno ni ninguna y no iba a permitirse romper ese rostro de chica -amistosa-con-quien-sea y mandarlos a la mierda porque que le cuenten su vida, la que ni siquiera le interesaba escuchar.
Ya no tenía idea de por qué seguía fingiendo esa porquería de personalidad si no le había dado ninguno de los beneficios que esperaba. Quien se había enterado de esto le habían dicho que era un verdadera basura, una psicópata, lo peor y se marcharon consolando a la víctima de su ira contenida. Y aprovechando que era una basura los amenazó para que no dijeran nada y funcionó (tras cumplir unas de las tantas).
Se excusó del grupito y se fue a tomar algo. Solo había gaseosas, que decepción. Mientras comía papas fritas y se tomaba un vaso de fanta se le acercó un chico que había gustado de ella cuando no era una basura, tampoco cuando fingía no serlo, antes de eso.
-Hola, tanto tiempo –dijo éste con una media sonrisa –, no me saludaste.
-Hola –respondió, haciéndose la tímida –, es que me dio vergüenza.
-Ahh, siempre tan tierna –inclinó la cabeza, sonriéndole ampliamente.
Ella se rió bajito y apartó la mirada como si eso la sonrojara. Tenía ganas de jugar.
Fueron a sentarse en un sillón y comenzaron a hablar, afortunadamente tenían bastantes cosas en común que compartir y fue bastante fácil llegar al clímax en el que malentendió  un acercamiento con un intento de beso.
-Eh –exclamó, sorprendido.
-… perdón, fue un accidente… -miró para otro lado.

-No, no te preocupes –le apoyó una mano en el hombro y la deslizó un poco por su brazo antes de darse cuenta que el que quería besarla era él.

Tanto tiempo si subir algo a este blog eh, espero que tengan ganas de tirarme cosas. Subo esto ya si, terminar porque me sentí en la necesidad de subir algo... y bueno, voy a rebuscar en mi archivos a ver si tengo algo mas para subir. Hasta la prooooxima!
PD: voy a dejar el final a su imaginación, hagan lo que quieran... y si son valientes comenten lo que pensaron!

viernes, 1 de abril de 2016

Gas de cocina.

Solo querés gritarles, solo querés morirte, pero no podes. No podes escapar, no podes exigir, solo te queda soportarlo,  que,  es lo que venís haciendo hace meses. Ya te cansaste de aguantar. No vas a mantener esa sonrisa más tiempo.
No vas a permitir más ese abuso y el tener que fingir bienestar hacia gente a la que ni siquiera le importa y que te lo pide para carcajearse de lo dócil que podes llegar a ser. Vas a terminar con esto cuanto antes.
Estabas maquinando tu plan cuando un hombre mayor te apretó el hombro fuertemente y te llevó hasta su habitación. Te tumbó sobre la cama y el acto empezó. Cerraste los ojos y una vez más sentiste el agudo dolor de la profanación. No sería el último de esa noche pero si sería la última vez en mucho tiempo.
Te mandaron a calentar la comida que habían pedido por delivery  y eso hiciste, cenaron y después de procurarte una vez más te dejaron en paz. Tenés terminantemente prohibido intentar escapar o llamar la atención de cualquier manera y mal que conoces el castigo por romper las reglas, al único lugar al que te dejan salir es a un pequeño balcón completamente enrejado y tenés aprendido que gritar por ayuda no es nada útil. Bajaste a la cocina una vez estuvieron todos dormidos y silenciosamente, por primera vez en meses, te preparaste algo para cenar que no fueran sobras. Un vez hubiste cenado dignamente dejaste las cuatro hornallas y el horno prendidas con el gas al máximo.
Rápidamente recolectaste unos cuantos almohadones y mantas y saliste al balcón a intentar dormir pero no pudiste pegar ojo del nerviosismo y la incertidumbre sobre la efectividad de lo que acababas de hacer y que podrían hacerte en caso de que alguno sobreviviera. Sonó el despertador a las siete de la mañana siguiente y no se oyeron quejas ni movimiento en ninguna de las dos plantas.
Entreabrís una rendija en la puerta y una vaharada de gas te da en la cara. Decidís entrar pero antes te apartas de la rendija y llenas tus pulmones de aire, te pones un almohadón sobre la nariz y la boca y abrís toda la puerta corrediza en un solo movimiento. El gas te calienta el cuerpo. Corres hasta la cocina lo más rápido que podes y cerras la llave de gas. Procedes a prender el extractor y a abrir todas las ventanas que encontrás. Se te está acabando el aire, volvés corriendo hacia el balcón y cerras la puerta, haces memoria de donde hay más ventanas y tomando aire volvés al ataque. Eso te tomó casi una hora y te dejó fuera de combate por un buen rato. Imaginaste que tomaría al menos unas tres horas o más en vaciarse lo suficiente de gas como para que pudieras entrar al menos unos minutos. Hiciste unas dos incursiones más para llevarte un poco de comida y agua a tu refugio provisorio.
Y ahora que lo pensás… acabás de asfixiar a siete personas con gas de cocina… un crimen premeditado, un homicidio múltiple… Pero, le hiciste un favor al mundo matando a toda esa gente, no tienen por qué arrestarte, tu acto es justicia ante gente tan injusta y corrupta como esa. Además lo merecían después de hacerte tanto daño. No te arrepentís de nada, de nada referido a  esta acción, porque fuera de eso, te arrepentís de tantas cosas.
Despidiéndote de tus pensamientos observaste la hora que marcaba el televisor que habías dejado prendido para eso. Ya habían pasado unas dos horas y entre las mantas te estaba dando sueño así que dormiste y cuando despertaste había pasado unas seis horas más.
La casa ya no olía a gas así que aprovechaste para ir al baño y husmear en las habitaciones en busca de alguna llave de salida, y no fue tan difícil encontrarla, lo que fue difícil fue entrar a esas habitaciones sin que suba el vómito. Tras varios intentos te haces con la llave y buscas la puerta de salida.
Y ahí está, la puerta de salida de ese infierno, los siete príncipes demoníacos están muertos y vos sos libre. Introducís la llave en la cerradura y la giras hacia la derecha. Clac, está abierta, la empujas y el alivio que sentís es inmenso, hasta incluso sentís el brote de la felicidad. Vas a dar el paso para salir de ahí pero algo te detiene y no es el que tengas los pies desnudos, si no que los demonios no mueren.
“Es 29 de diciembre ¿Te la pasaste bien?”
Hay una mano sobre tu hombro y la conoces bien, también conoces ese aliento y esa voz. Te flaquean las rodillas y giras el cuello para verlo. Es uno de ellos y está vivo, te está limpiando las lágrimas y sabe cómo va a consolarte.

FIN

***
bueno, esto es lo que escribí para el aniversaaaaaariioooooo de un año de este blojcito y no me lo puedo creer. Dudo que esta cosa haya aliviado su abstinencia de entradas de este blog e_e... la idea principal era que tenga un final feliz pero después me arrepentí, sorry not sorry.
Se despide... Daniel... (otro nombre ma' pa' la lista)


Hay veces...

Algunas veces no querés pensar en nada, estar solo y hundirte en tu miseria.
A veces no le ves el sentido a la vida, queres mandar a todos a la puta que los parió y dejar de escucharlos.
Querés que te dejen de joder, que se metan en sus asuntos y paren de romper las bolas.
Querés irte. Ya. Ahora.
Porque hay veces...
Hay veces que solo querés irte a la mierda.

-.Angela

Al principio...

Al principio, esto no era nada.
Un blog de entradas muertas vagando por la red, desconocido del mundo.
Una idea de desahogo sin futuro ni final.
Era un blog vacío, con entradas en blanco, un mundo en escala de grises.
Y llegó el primer comentario, llegaron Kou y Sofi, llegaron las visitas y llegó el color.
Y ahora; ¿Qué es?
Es la muestra de nuestro esfuerzo, de nuestras alegrías y nuestras penas.
Es algo poco reconocido, sí, pero los que lo conocen dejan su marca. Ya sea con un comentario, un +1, una persona mas en las visitas.
Somos algo.
Y eso importa.
Ahora tiene futuro, el que sea, el que queramos darle.
Y no tiene final. Pero ya no es porque ya no importe, porque no sepamos cual.
No tiene final, poeue esto no va a acabarse. Como no se nos acaban las ideas, como no se nos acaban las ganas de escribir.
Esto sigue.
Y sigue.
Para siempre.
Porque cuando ya no escribamos, en un futuro lejano de matices oscuros, esto va a seguir acá.
Va a seguir dejando su marca.
Nuestra marca.
Por eso me alegra decir que ya hace un año que publiqué mi primer entrada, una tarde de un primero de Abril, un jueves después de la escuela.
Y a esa, le siguieron muchas.
Y esto va a seguir.

-. Angela

miércoles, 2 de marzo de 2016

Todo me hace Mal (Edición corregida y recopilada)

 Consideraste tu suicidio un regalo. El revólver que tenías en tus manos era calibre 32, suficiente (eso esperabas) para morir de un único disparo. Estabas embelesado ante su poder destructivo, que, decidiste probar disparando  a las tres ventanas de tu habitación. Se escucharon gritos afuera, de dolor y de susto.
Vos también gritaste al oír que subían las escaleras para detenerte. Te pusiste de rehén, tu propio rehén, aun gritabas. Alivio y presión, explotarías. Tu familia gritaba, todos gritaban pidiendo auxilio, ambulancias, médicos, pastillas, no te mueras, no te mates, no meremos esto, cállense no entienden nada.
Hiciste oídos sordos a sus ruegos y situaste el revolver en tu sien pero estaba frio, así que calentaste rápidamente la punta del cañón con las mangas de tu suéter, blanco y manchado de sangre, sublime. Nunca paraste de gritar, todo amenazas, no se muevan o me mato, cállense, no me jodan. Hiciste silencio, esos que se hacía llamar tu familia bajaron el tono de voz pensando que habías entrado en razón entonces le diste play a tu equipo de música y una vez le subiste el volumen al máximo proferiste tu último grito de protesta y disparaste gozoso.

Tardaste unas 7 u 8 horas en conseguir el arma. Te despertaste más temprano de lo usual para ganar tiempo y aparentando querer llegar temprano por una vez desde que te habías ganado su confianza para ir solo a la escuela.  Una vez fuera te desviaste del camino hacia donde te dijeron que nunca fueras. Mirabas para todas partes, más paranoico de lo normal pero no pasaba nada. En la mochila llevabas algo fundamental para alcanzar tu objetivo.
Usando toda tu determinación preguntaste por todas partes y cada vez te mandaban más adentro hasta que te encontraste a dos adolescentes apenas mayores con los que había contactado alguien con quien hablaste antes.
Te miraron, apenas un vistazo, después de todo no había nada importante que ver y desdeñosos te ofrecieron un cigarrillo, no fumabas pero lo aceptaste. El cigarrillo siguió apagado por unos 15 minutos mientras caminaban por angostas callejuelas entre edificios y chozas deterioradas. Cuando se giraron a ver si los seguías y les recriminaste que el cigarrillo estaba apagado levantándolo hasta que lo tuvieron frente a los ojos accedieron a encenderlo.
Le diste un pitada larga, simplemente asqueroso,  y soltaste el humo lentamente bajo su atenta mirada. Satisfechos se dieron vuelta y siguieron caminando y pateando la basura desperdigada por el suelo. Apagaste la toxina en el dorso de tu mano como si estuvieras pintado con acuarelas  pero nunca hubieras pensado que doliera tanto y aguantaste un grito. Lo tiraste al piso y terminaste de apagarlo de un pisotón.

La mujer que abrió la puerta vestía camisa y jeans y su largo y sedoso pelo negro caía suelto sobre su hombro izquierdo. Le calculaste unos 27 años. Te invitó a pasar y con un gesto de cabeza despidió a tus acompañantes. Te miraba con un sentimientos en los ojos que nunca lograste descifrar, aunque por un momento pensaste que la conocías eso no podía ser posible. No querías lucir apurado pero sin poder evitarlo preguntaste por el arma. La mujer ignoró tu pregunta como si hubiera notado la contradicción en tus palabras y te ofreció algo para tomar, tenías algo de sed y el sabor del tabaco persistía en tu boca por lo que no se lo negaste. No insististe en el tema.
Te sirvió un vaso y de agua y te ofreció asiento. Te sentaste y ella se sentó también, mas cerca de lo que nadie se había sentado en los últimos tiempos, llevaba un rico perfume. No te moviste, su cercanía no te molestó, cosa que te sorprendió, ya que la cercanía corporal de extraños era lo que más rehuías. Te preguntó tu nombre y se lo dijiste rápidamente para poder preguntarle el suyo.
Se levantó de tu lado y caminó seductoramente hasta una puerta que llevaba a otra habitación, se apoyó en el marco y después de responder a tu pregunta cuestionó el que pudieras comprar ese revólver, en seguidilla, abriste tu mochila y alzándola le mostraste lo que había adentro.

El arma no tardó en aparecer, no tardaste en entregar el contenido de tu mochila y ella no tardó en echarte de allí. Los dos adolescentes de antes te interceptaron cuando doblaste a la esquina del edificio y exigieron su parte, no habían dicho nada de eso antes. Ya no te quedaba nada de valor, solo balas y pólvora y no pensabas matarlos. No era una opción.
Dijiste la verdad, esperando lo peor. Se rieron y se encogieron de hombros antes de empujarte para que empieces a caminar y te escoltaron hacia el lugar donde se habían encontrado antes. Apenas iban unos pasos detrás, cosa que si te descuidabas te pisaban los talones.
Cuchicheaban, algo maligno, malpensaste, y no hiciste más que acelerar el paso intentando alejarte de ese destino imaginario. La paranoia estaba envolviéndote de nuevo. Sin dejar de caminar respiraste hondo varias veces y como eso no hizo ningún cambio te clavaste las uñas en la palma de las manos. Te pisaron los talones, te detuviste si darte cuenta. ‘Demasiada presión, demasiada presión’.

Al salir de ese maldito barrio en lo único que podías pensar era en tomarte unas cuantas pastillas. 1, 2, 3, no, 2 y media. Buscaste un baño publico y te las tragaste con un trago de agua de la canilla y te lavaste las manos con furiosamente ya que el efecto no era inmediato.
De pronto se sentiste tentado de manchar el baño con un poco de sangre, con objeto de sentirte algo mejor y generar algo de terror.  Sacaste la navaja, nueva y filosa. Te arremangaste hasta el codo y abriste la navaja, ansioso. ¿De verdad te querés morir? Apoyaste el filo sobre tu piel e hiciste el primer corte con delicadeza. Si, si que quiero morir. La sangre tardaba en salir pero no la espérate y cortaste cada vez más fuerte y profundo a medida que subías desde la muñeca hasta mitad del antebrazo. Apretabas continuamente alrededor de las heridas con la intención de que salga suficiente sangre para manchar las piletas, querías que chorreara sobre la blanca losa.
Todo iba bien hasta que entró alguien e interrumpió el proceso. Afortunadamente no gritó, solo se tapó la boca y salió del baño tan rápido como había entrado, lo viste a través del espejo. Ceremonia arruinada, plan arruinado. Cerraste la navaja y sacudiste un poco el brazo, la docena de cortes sangraban lo suficiente como  para manchar el lugar si lo agitabas con ganas pero no lo hiciste, ya te habían visto. Sacaste gasas y cinta de tu mochila y te vendaste el brazo con maestría. Guardaste tu mano derecha en un bolsillo para que no se vea la sangre que la manchaba.

Te duele, Te arde. NO importa, no importa.
Vas a acabar con todo. 

Volver a casa fue difícil. No querías ver a nadie ni querías que nadie te vea. De seguro todos estarían en casa esperando tu llegada para preguntarte si habías tomado lo que tenías que tomar, si no te había pasado nada en la escuela y esas cosas que se le preguntan a un suicida con la “suerte” de tener una familia que se “preocupa” por él (después del acto, antes ni hablar).
Sacaste la llave de tu mochila y abriste la puerta sigilosamente intentando vanamente que no se den cuenta de tu llegada. Dejaste las zapatillas en la entrada, norma de la casa. Te sacaste la mochila y entraste aún con la esperanza de que no te hayan oído. Te interceptaron antes de que puedas subir a tu cuarto, como si supieran lo que ibas a hacer. Contuviste la respiración cuando tu madre te dio la bienvenida y te avisó de que en un rato iban a empezar a cocinar y que si querías ayudarles. Le respondiste que tenías cosas que hacer, que pondrías la mesa antes de comer.
Acto seguido subiste a tu cuarto y ella se fue a la cocina a seguir cocinando junto a tu hermano. Te contuviste de abrir la puerta de una patada pero con eso solo lograrías que tu madre o quien sea suba corriendo a ver qué pasaba y luego no te saque la vista de encima. La palabra libertad no significaba nada si estabas dentro de la casa, ya te había sacado una de las tantas pastillas que impedían que estés lucido del todo pero su libertad te seguía resultando mierda, a ellos les parecía perfecto.


Cerraste la puerta a tu espalda y respiraste hondo, exasperado. La vez anterior habías fallado y te ingresaron, fue horrible y solo te dio más ganas de morir y por si fuera poco también prender fuego ese lugar. Hiciste de todo para que te suelten y lo lograste sacrificando todos los filos que tenías escondidos, fingiendo bienestar y que querías ver a tu familia. Eran todos tan estúpidos, solo había que fingir que te sentías como ellos necesitaban que te sientas y ya creían que estabas bien. Tus dotes de actor te sirvieron como nunca pensaste que lo harían.
En dos pasos llegaste hasta tu cama y te dejaste caer panza abajo sobre esta, aun sosteniendo la mochila con una mano. La soltaste y se escuchó el ‘clac’ del revólver contra el suelo. Esa mierda que acabaría con tu fingida angelical vida. El ángel que terminaría con esa vida de mierda.
Te deslizaste de la cama hasta que tus rodillas tocaron el suelo, las manos como garras, agarrándose de las mantas y arrastrándolas hacia abajo. ¿Y si fallabas de nuevo?  Te encerrarían para siempre. A los 17 años encerrado en un psiquiátrico por haber querido irse.  ¿Acaso matarse estaba prohibido? No que sepas.

Con el dedo en el gatillo, cargaste y disparaste.
Todo estaba listo. Un disco cargado de screamos, la recopilación de tus canciones favoritas. Y la carta… escrita en donde debería ir cada uno de los nombres de las canciones recopiladas, dudabas de que vayan a encontrarlo alguna vez pero no te importaba demasiado. Desordenaste tu cuarto con extremo cuidado y armaste tu cama impecablemente. Cerraste las cortinas y dejaste la mochila en el medio de todo el desastre, sobre un pedestal, para que se enteren que gracias a ellos habías comprado tu muerte.
Cargaste de nuevo. En una de tus manos sostenías el control remoto del equipo de música. Disparaste. Se oyeron los apresurados pasos en la escalera. Los vidrios cayeron al suelo y la cortina se ondeó.
Empezaron a gritar. Disparaste de nuevo, gritando. Más vidrio.

El disco empezó a girar sobre su eje, dándole fin al acto. 

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Vaya vaya, todo me hace mal finalmente corregido. Espero que les guste mas que antes o que lo odien mas que antes. Su decisión.
Voy a decirles que todos esos proyectos de los que les hablaba se fueron a la re mierda porque no logro desarrolarlos a pesar de lo buena que me parece a mí la idea... saludos...

lunes, 22 de febrero de 2016

Bloqueo de Escritor.

Suspiro mientras cierro los ojos con cansancio, por más que lo intente ni una sola palabra sale de mi mente, me desespero.Intento evocar algún recuerdo, alguna anécdota que haya escuchado, alguna noticia leída, alguna idea.
Pero nada.
Es como si una pared interfiriese entre las palabras y yo, separándonos de forma que parecen ya lejanas e inalcanzables.
No puedo escribir.
Los sentimientos no fluyen, las palabras no se escriben. 
No puedo dibujar.
Los trazos son toscos e inexpresivos. 
No puedo cantar.
La memoria me falla y mi voz desafina. 
Ni siquiera puedo Leer.
La concentración mengua, mi atención se va a otro lado...
Es frustrante, quiero gritar, el aburrimiento me está matando.
Quiero escribir, sé que quiero escribir, pero no me sale, no tengo ánimos de hacer nada más.
Me levanto para ir a la cocina, mi mamá me saluda, agarro una galletitas y vuelvo a mi habitación.
Me siento al lado de la cama y pongo la computadora en ella.
Miro durante dos minutos seguidos el fondo de pantalla, suspiro, abro el Word.
Lo minimizo y abro Google, busco en YouTube, debe haber algo que mate mi aburrimiento, ¿No?
Miro algunos reviews de animes, abro algunos viejos marcadores.
Siete videos estúpidos, algunas tiras nuevas de un web cómic que seguía, tres fanfics y medio capitulo de un anime de comedia después, me rindo y cierro la netbook.
Vuelvo a ponerla debajo de mi cama y me recuesto en el piso, con los brazos detrás de la cabeza.
El calor no ayuda.
Suspiro otra vez, ya perdí la cuenta de cuantas veces lo hice ya hoy.
Giro en el piso hasta quedar de costado, trato de recrear en mi mente alguna escena, algo que pueda escribir, dibujar, espero que las ganas de hacer algo lleguen a mí.
No lo hacen.
Pienso en el libro de mi mesita de luz, con el señalador por la página doscientos setenta, la curiosidad por saber que le pasará a los protagonistas, está presente, por supuesto, pero la pereza es mayor.
"También tengo un manga nuevo en mi estantería..." pienso, pero no quiero moverme.
Suspiro sin ganas.
Odio los bloqueos de escritor.

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Ángela al habla.
Bueno, algo así son mis bloqueos...
Y son bastante frecuentes...
Bueno, esto salió cuando, despues de estar bloqueada por dos dias, decidí escribir sobre eso jajaja.

¡Nos leemos!
Cambio y fuera.

sábado, 23 de enero de 2016

Desastre

Bueno, Angela presente, esto es algo que se me ocurrió, y como ya desde Navidad no publico nada, veamos si puedo darle mas vida a este blog con mi aporte (Que ironía)
Comenten, den señales de vida, ¡Algo!

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Desastre
Todo era un completo desastre, no había forma de arreglar lo que habías hecho, estaba mal, lo sabias, pero no había sido intencionado.
Díselo a la policía te dijiste Vas a ir preso de todas formas.
Te negaste a apartar la mirada mientras pensabas en lo que había ocurrido.
Y porqué.
Porque eras un idiota, porque no podías pensar fuera de tu burbuja.
Esas habían sido sus palabras, y estabas completamente de acuerdo.
Las imágenes pasaban una y otra vez delante de tus ojos, como una película que se repetía, en cámara lenta.
Ella gritandote, tu respuesta en un tono incluso mas alto, una discusión que parecía no acabar, y sin poder detenerte te veías empujándola, suavemente de cualquier manera, pero ella tropezó, rodó por las escaleras, y en ese momento estaba allí, donde tus impulsos la dejaron, sobre un charco de sangre que no parecía real a tus ojos, eso no podía ser verdad.
Te debilitaste, los sollozos se escuchaban por toda la casa, allí mirando desde arriba de las escaleras.
No te enteraste de nada hasta que te llevó la policía, e incluso entonces no parecías muy consciente de ti mismo.
Sabes que no saldrás de prisión en mucho tiempo, pero y lo perdiste todo.
Sería mejor que acabaras con ello ya.