viernes, 2 de septiembre de 2016

Sueños.

Estaba soñando, no era la primera vez que lo hacías, y ese sueño en particular se estaba volviendo recurrente. Tu esposa decía que era un presagio, creadora de fantasías absurdas y supersticiones incoherentes.
¿Un presagio de qué? Preguntaste cada vez con voz burlona, y saliste sin querer escuchar su respuesta.
El sueño era confuso, una maraña de oscuridades y sombras que atravesaban las luces como ríos de nada en un desierto de todo, y que al final se convertian en un oceano que se tragaba la iluminación de un bocado y mordía las esperanzas con colmillos afilados.
Era un conjunto de ruidos fuertes, colores arremolinados que buscaban formar imagenes, una voz de mujer que cosas con tono de pregunta que no llegaban a tu mente, y después nada, el sueño siempre terminaba en la nada.
Finalmente una imagen nueva se cruzó, un srmaforo en rojo y una auto blanco extraidos de recuerdos arcanos de hacía unos minutos.
Y reparaste en que ya no estabas soñando.
Y terminó en la nada.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario