Muy buenas. Acá les traigo algo que escribimos con Sofi hablando por Skype.
~
Mueca
Desperté.
Con los puños cerrados. Impotente.
Miré a mi alrededor, con esfuerzo pude distinguir unas débiles siluetas
Se movían cerca mío y ayudándome del sonido de la pisadas y con dificultad logré advertir que se movían en ronda sobre un piso de tierra apisonada.
En un intento por ponerme de pie bruscamente, sentí mi cuerpo.
Sentí mi cuerpo y sentí que dolía, poco a poco recuperaba los sentidos.
Una canción.
Una canción cantaban aquellos individuos, aun indistinguible.
Se empezó a oír cada vez más y más fuerte y la ronda giraba cada vez más rápido
Más más más. Aún más alto. La ceremonia apenas empezaba. Unos gritos estremecedores que me hicieron temblar.
El entorno era siniestro. Árboles alrededor comenzaron a deformarse
Miré mi cuerpo. Estaba envuelto en bolsas de papas y atado con sogas de la cintura para abajo, mis manos atadas estaban dormidas y casi azules por la falta de sangre.
Lloré y mis lágrimas parecían ácido
Giré la cabeza intentando ver a mis captores.
Pero no encontré sus ojos, ya que... no tenían cara
Esta vez fui yo el que grité.
Todo pareció acelerarse aún más y mi grito pronto se transformó en el graznido de un cuervo
Y desperté.
Gritando. Llorando.
Y cuando, un cuervo, chocó contra mi ventana y vi en sus ojos los míos cambió mi perspectiva. Ahora yo era ese cuervo, ese asqueroso cuervo que con la plumas manchadas de sangre revolotea llevando muerte, que vio a ese cuerpo inerte tendido sobre la cama con una mueca de terror en los labios.
~
Me despido y espero que les haya gustado c:
viernes, 19 de junio de 2015
Mueca
Etiquetas:
#AguanteHacerlePublicidadaSkype :v,
cuervos,
Mueca,
soñar
miércoles, 17 de junio de 2015
Omniponencia Ficticia
Minna~ ohaio! ^^ (Buenos dias a todos)
Ojalá les guste y/o entretenga.
Omnipotencia
ficticia: sobreviví
Resulta que lo que les dije que iba a escribir y subir en un par de días(meses no será?) no parece que vaya a terminarlo pronto y me estoy yendo un poco a la mierda... como siempre con cada cosa que escribo. El escrito tiene sus altibajos en entretenimiento y enganche, a mi personalmente no me gustó como lo escribí ni tampoco me convence como desarrolle el contenido tan copado que estaba intentando expresar... y bueno, como decidí no continuarlo les voy a dejar lo que escribí. (Si les pareció un buen final avísenme... dandole +1, comentando... )
Ojalá les guste y/o entretenga.
Omnipotencia
ficticia: sobreviví
Lograr
despertarse y considerar real todo lo que soñaste no tiene precio, sin importar
si fue negativo a positivo porque es una experiencia que solo se vive una vez
en la vida o talvez jamás.
Puede
que malinterpreten mis palabras respecto a lo de ‘considerar real’ por eso voy
a aclararlo. Lo que estoy diciendo es que podes vivirte una vida en una noche
cualquiera solo con cerrar los ojos, ese sueño es “real” vos te despertás en tu
sueño y pensás que te despertaste en tu vida real pero a partir de ese momento
vos sos el centro del mundo, vos, vos y vos. El mundo es tuyo, vos haces lo que
querés, vos llevás el hilo de los hechos. Pero... si es una pesadilla trata de
despertarte como puedas porque puede ser terrible, si una pesadilla normal te
aterra te podes llegar a morir aunque por ahora no ha habido casos, solo un
poco de terapia.
Espero
que se haya entendido, ahora yo les voy a contar mi experiencia:
Me
“desperté” y mi cuarto se encontraba casi a oscuras, la luz que entraba cada
mañana por la ventana no pasaba a causa del torrencial que hacía presencia ahí
fuera. Me di media vuelta y me tape con las mantas de cara a la pared.
―Estaría
bueno que esta vez el clima me haga un poco de caso y pare de llover... Odio
caminar bajo la lluvia ― murmuré e inmediatamente dejo de llover y se despejo
el cielo.
Salté de la
cama y mire por la ventana, el chaparrón se había detenido haciendo caso a mis
palabras y no podía ser una casualidad porque nunca en la vida el cielo se
había despejado tan rápido cuando la lluvia estaba en plena actividad.
― Quiero que
me llamen para desayunar y que haya waffles ― ordené.
― Lina ¡Baja
a desayunar que llegás tarde a la escuela! ― llamo mi madre.
― Ya voy ¿Qué
hay para desayunar? ― Me puse las pantuflas, salí de mi cuarto y baje las
escaleras. Sin dejar la satisfactoria sorpresa atrás.
Creyéndomelo.
― Waffles,
podes ponerle lo que quieras ― y con un ademan de mano englobó la mesa entera.
― No te excedas.
No voy a
describir lo que había en la mesa porque les daría hambre y yo no me quiero
acordar porque no va a volver a pasar, eso si, nunca había desayunado tan rico,
los sabores era exquisitos. En ese momento no me imaginaba lo que sería el
almuerzo y la cena. Si la comida del mundo real es exquisita esta lo es cuatro
veces más.
Terminé y
subí para mi cuarto a vestirme adecuadamente para ir a la escuela (secundaria).
― Las mantas
de la cama se van a tender solas impecablemente. ― Desee y obedecieron. ― Ahhh,
¡es fantástico! ― festejé comenzando a bailar.
― Mi ropa es
un pantalón de jean negro y una remera manga larga y suelta color azul― dije
eso pero también imagine mi vestimenta, tras observar el satisfactorio
resultado decidí agregar un abrigado chaleco con capucha y cierre completamente
color negro. ― Perfecto.
Baje a buscar
mi mochila y me calce las zapatillas para salir. La vereda aún estaba mojada y
el sol no era demasiado fuerte, agradable. Puede que se estén preguntando por
qué acepte todo tan rápidamente y por qué no decidí faltar a la escuela, la
respuesta a la primera pregunta es esta: Decidí aceptarlo para disfrutar
plenamente de eso porque todo se termina y no iba a ser le excepción como leen.
Y la segunda es que el número de la bestia en realidad es 616.
Recordé que
muchas veces había querido teletransportarse a la escuela y esa fue la
oportunidad. Me gustaría, pero no puedo describirles correctamente la
sensación; primero me sentí muy liviana, di un vistazo a la vía láctea (o eso
me pareció), volví a bajar llegando a mi destino y paré el cronometro; cuatro
minutos, treinta segundos y cuarenta y cinco centésimas.
Todos
entraban y nadie parecía haberse dado cuenta de mi repentina aparición. Ya
dentro del aula les pregunte a mis amigas que profesores les gustaría que
falten y mágicamente faltaron el profesor de música, la profe de gimnasia y la
de matemática, por lo que tuvimos cuatro horas libres.
― Te dijimos
lo nombres y faltaron... ¿Qué hiciste? ¿Quién sos? ―
Preguntaban ellas y yo me sentía como una deidad
así que decidí manejar sus mentes y la de todos mis compañeros para que piensen
que siempre fui un hombre. Intente convertirme en uno y fue bastante difícil...
pues... nunca había visto uno... emmm... desnudo...
Al final lo
logre (sin recurrir a ninguna acción degradante) y me escapé sintiéndome
atraída por una fuerza invisible. Caminé un rato por los alrededores de la
escuela y al no ver nada interesante me tomé el colectivo hasta el centro.
Me bajé cerca
de una antigua tienda donde vendían manga y camine unas cuadras más hasta un
hotel. Alto, imponente y lujoso ocupaba más de media cuadra. Me metí por un
callejón entre medio del hotel y el edificio de al lado y mirando bien las
paredes del lado del hotel encontré una puerta con la pintura saltada. Tomé el
picaporte y lo bajé. La puerta se abrió con un chirrido y se prendió una débil luz
del lado de adentro iluminando levemente la habitación. Era pequeña, a un lado
había unos percheros cargados de abrigos y al fondo una puerta. Delante de la
puerta al final de la habitación había un felpudo gastado con la leyenda ‘Bienvenidos’. Un cartel pegado en la puerta
pedía que te limpies los pies antes de entrar y eso hice antes de abrir la
puerta y encontrarme con un montón de jóvenes de 13 a 18 años jugando en un
salón recreativo que parecía no tener fin.
Una vez
dentro de ese lugar el hilo que tiraba de mí se desvaneció.
Un par se
giraron para mirarme pero enseguida regresaron su atención al juego de pull que
parecía que estaban por ganar. Regresé a la habitación de los percheros y
recobré mi aspecto de chica, no podría fingir ser un hombre por mucho tiempo.
Entre de nuevo pero esta vez los chicos del pull no se giraron. Avance por
entre ellos y me dirigí a donde jugaban a las cartas. Cuando llegue ahí me
consideraba buena jugando pero después de dos jugadas me sentía como una
novata.
Ese lugar,
donde la iluminación no era un lujo y no era raro que una lamparita se nos
quemara en la cabeza, fue mi segundo hogar.
Mis notas
bajaron, por supuesto, me rateaba de clase, no hacia las tareas, pero cuando
iba prestaba algo de atención por lo que aprobé ese trimestre raspando...
Si, soñé más
de un mes de mi vida y me la pase bomba con mis poderes divinos. Creo que hasta
me conseguí novio, lamentablemente no me acuerdo muy bien.
Ese segundo
hogar era un tipo de casino para jóvenes regido por un hotel millonario. Cuando
quería el lugar se ponía algo turbio, estaba permitido apostar cualquier cosa,
desde una moneda de cinco centavos o un papel de caramelo hasta tu virginidad.
Por suerte no había cabaret. El lugar era amplio y había distintas salas de
juego, los tradicionales de cualquier lugar al que se vaya a jugar por
diversión, los videojuegos y varios juegos de un casino de verdad.
Ese lugar
permanecía abierto diez horas, desde las 4.30 de la tarde hasta la 1.30 de la
noche por lo que nos veíamos obligados a estar fuera de allí al menos catorce
horas.
Una vez que
entrabas te sentías obligado a volver todos los días. No entres a menos que
tengas una fuerza de voluntad monumental. Cuidado, hay quienes no despertaron
por enviciarse terriblemente con ese lugar y son o fueron todas las personas
que me encontré allí.
FIN
martes, 16 de junio de 2015
Pesadilla.
Hola. Esto, al igual que muchos de mis escritos, salió de algún lado totalmente desconocido de mi cabeza. Otro día (cuando lo encuentre) voy a publicar un escrito que tengo de una vez que me preguntaron como hacía para escribirlos... si, es un escrito de como escribo. Espero que no me odien por lo que escribí, y díganme que creen en los comentarios, aunque sean algo completamente negativo o incluso un insulto, creanme que no se de donde salió esto.
Sin mas preámbulo.
* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *
Pesadilla.
El filo apunta tu muñeca, empuñado por tu propia mano.
Sabes que no deberías estar haciéndolo, pero es inevitable, es un vicio morboso del que no puedes deshacerte, una necesidad de mantenerte atado a algo.
El metal cambiante roza tu piel, el corte es fino, y tiras el arma hacia el fondo de la habitación. La miras.
La empuñadura es negra como la noche y fácilmente se oculta entre las sombras del lugar.
Estas solo, la certeza sabe amarga, y nadie podría saber si algo te pasa.
Sigues recorriendo el arma.
La unión entre la empuñadura y el filo resplandece en distintos colores.
El filo, tan largo como tu antebrazo, y cambiante como una pantalla de televisión, muestra todo lo que quieres esconder. Imágenes lo recorren, las burlas, los llantos cuando estabas solo en tu habitación, los secretos murmurados entre lágrimas a las oscuras paredes envueltas en penumbras de tu habitación. Todo.
Vuelves tu vista hasta tu muñeca. El corte, tan superficial como el de un papel, sangra como si llegase hasta el hueso.
Segundos después, el liquido carmesí empieza a cesar. Se vuelve mas espeso, teñido de colores brillantes, verde, celeste, rosa, amarillo. Sientes la felicidad de los recuerdos abandonarte, sabes que el único culpable de todo esto no eres mas que tu mismo, que decides apuñalarte con tu propia tristeza.
Algo te ilumina, y puedes ver que en la negrura de la habitación de tu mente en la que estás, surge una ventana, por la que la luz blanquecina de la luna pasa para cubrirte como un manto.
Abres los ojos con asombro, y sientes que a tus pies el suelo desaparece. Es igual en todas las direcciones, pero el vértigo de la caída está presente de igual manera.
Despiertas.
Te abrazas a ti mismo, estás en posición fetal, las lágrimas caen inconscientemente de tu rostro.
Miras la hora en tu celular. Las 6:15 a.m. Mas de una hora antes de que debas despertarte. No te importa, tampoco quieres ir a ningún lado.
Suspiras, mientras te levantas para vestirte e intentas componer una sonrisa.
Lo logras, haciendo que parezca real.
Como siempre. Piensas.
Aparentas ser feliz todo el tiempo, mientras solo en la oscuridad de la noche, plagada de pesadillas, cuando todos duermen y tu te ocultas entre las mantas de tu cama, solo en ese momento, te permites mostrar debilidad.
Porque todos podrían ver tu piel, lisa como porcelana, y sin ningún rasguño mas que el que pudo hacerte tu gato. Porque hay muchas formas de auto lesionarte, y no usas ninguna que pueda resultar visible. Porque te apuñalas psicológica e inconscientemente todas las noches, cuando recuerdas todo lo que sabes que deberías olvidar, cuando tu mente recrea aquellas escenas de años pasados, cuando escuchas las voces susurrando a tus espaldas a pesar de saberte solo.
Y cuando llega el día sonríes, como si nada fuese a salir mal. Y sabes que nadie cree que estas tan bien como finges estar, pero también sabes que no les importa. Porque es imposible que no hayan notado las ojeras pronunciadas que hay bajo esos ojos que ocultan a simple vista dolor y sufrimiento, fácilmente reconocible para quien quiera buscar.
O los obvios titubeos de tu sonrisa, o la falta de interés mal disimulada ante todo.
Por eso cuando, semanas después, no vuelves a la escuela, todos actúan como si nada, siguiendo sus rutinas, fingiendo ahora ellos que no se enteran del llanto de tu familia junto a tu cuerpo, ahora bajo metros de tierra, fingiendo que no saben por que pudo ocurrir eso, y fingiendo que ellos, indirectamente, no han contribuido a tu muerte.
Sin mas preámbulo.
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Pesadilla.
El filo apunta tu muñeca, empuñado por tu propia mano.
Sabes que no deberías estar haciéndolo, pero es inevitable, es un vicio morboso del que no puedes deshacerte, una necesidad de mantenerte atado a algo.
El metal cambiante roza tu piel, el corte es fino, y tiras el arma hacia el fondo de la habitación. La miras.
La empuñadura es negra como la noche y fácilmente se oculta entre las sombras del lugar.
Estas solo, la certeza sabe amarga, y nadie podría saber si algo te pasa.
Sigues recorriendo el arma.
La unión entre la empuñadura y el filo resplandece en distintos colores.
El filo, tan largo como tu antebrazo, y cambiante como una pantalla de televisión, muestra todo lo que quieres esconder. Imágenes lo recorren, las burlas, los llantos cuando estabas solo en tu habitación, los secretos murmurados entre lágrimas a las oscuras paredes envueltas en penumbras de tu habitación. Todo.
Vuelves tu vista hasta tu muñeca. El corte, tan superficial como el de un papel, sangra como si llegase hasta el hueso.
Segundos después, el liquido carmesí empieza a cesar. Se vuelve mas espeso, teñido de colores brillantes, verde, celeste, rosa, amarillo. Sientes la felicidad de los recuerdos abandonarte, sabes que el único culpable de todo esto no eres mas que tu mismo, que decides apuñalarte con tu propia tristeza.
Algo te ilumina, y puedes ver que en la negrura de la habitación de tu mente en la que estás, surge una ventana, por la que la luz blanquecina de la luna pasa para cubrirte como un manto.
Abres los ojos con asombro, y sientes que a tus pies el suelo desaparece. Es igual en todas las direcciones, pero el vértigo de la caída está presente de igual manera.
Despiertas.
Te abrazas a ti mismo, estás en posición fetal, las lágrimas caen inconscientemente de tu rostro.
Miras la hora en tu celular. Las 6:15 a.m. Mas de una hora antes de que debas despertarte. No te importa, tampoco quieres ir a ningún lado.
Suspiras, mientras te levantas para vestirte e intentas componer una sonrisa.
Lo logras, haciendo que parezca real.
Como siempre. Piensas.
Aparentas ser feliz todo el tiempo, mientras solo en la oscuridad de la noche, plagada de pesadillas, cuando todos duermen y tu te ocultas entre las mantas de tu cama, solo en ese momento, te permites mostrar debilidad.
Porque todos podrían ver tu piel, lisa como porcelana, y sin ningún rasguño mas que el que pudo hacerte tu gato. Porque hay muchas formas de auto lesionarte, y no usas ninguna que pueda resultar visible. Porque te apuñalas psicológica e inconscientemente todas las noches, cuando recuerdas todo lo que sabes que deberías olvidar, cuando tu mente recrea aquellas escenas de años pasados, cuando escuchas las voces susurrando a tus espaldas a pesar de saberte solo.
Y cuando llega el día sonríes, como si nada fuese a salir mal. Y sabes que nadie cree que estas tan bien como finges estar, pero también sabes que no les importa. Porque es imposible que no hayan notado las ojeras pronunciadas que hay bajo esos ojos que ocultan a simple vista dolor y sufrimiento, fácilmente reconocible para quien quiera buscar.
O los obvios titubeos de tu sonrisa, o la falta de interés mal disimulada ante todo.
Por eso cuando, semanas después, no vuelves a la escuela, todos actúan como si nada, siguiendo sus rutinas, fingiendo ahora ellos que no se enteran del llanto de tu familia junto a tu cuerpo, ahora bajo metros de tierra, fingiendo que no saben por que pudo ocurrir eso, y fingiendo que ellos, indirectamente, no han contribuido a tu muerte.
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