miércoles, 17 de junio de 2015

Omniponencia Ficticia

Minna~ ohaio! ^^ (Buenos dias a todos)

Resulta que lo que les dije que iba a escribir y subir en un par de días(meses no será?) no parece que vaya a terminarlo pronto y me estoy yendo un poco a la mierda... como siempre con cada cosa que escribo. El escrito tiene sus altibajos en entretenimiento y enganche, a mi personalmente no me gustó como lo escribí ni tampoco me convence como desarrolle el contenido tan copado que estaba intentando expresar... y bueno, como decidí no continuarlo les voy a dejar lo que escribí. (Si les pareció un buen final avísenme... dandole +1, comentando... )

Ojalá les guste y/o entretenga.

Omnipotencia ficticia: sobreviví


Lograr despertarse y considerar real todo lo que soñaste no tiene precio, sin importar si fue negativo a positivo porque es una experiencia que solo se vive una vez en la vida o talvez jamás.
Puede que malinterpreten mis palabras respecto a lo de ‘considerar real’ por eso voy a aclararlo. Lo que estoy diciendo es que podes vivirte una vida en una noche cualquiera solo con cerrar los ojos, ese sueño es “real” vos te despertás en tu sueño y pensás que te despertaste en tu vida real pero a partir de ese momento vos sos el centro del mundo, vos, vos y vos. El mundo es tuyo, vos haces lo que querés, vos llevás el hilo de los hechos. Pero... si es una pesadilla trata de despertarte como puedas porque puede ser terrible, si una pesadilla normal te aterra te podes llegar a morir aunque por ahora no ha habido casos, solo un poco de terapia.
Espero que se haya entendido, ahora yo les voy a contar mi experiencia:
Me “desperté” y mi cuarto se encontraba casi a oscuras, la luz que entraba cada mañana por la ventana no pasaba a causa del torrencial que hacía presencia ahí fuera. Me di media vuelta y me tape con las mantas de cara a la pared.
―Estaría bueno que esta vez el clima me haga un poco de caso y pare de llover... Odio caminar bajo la lluvia ― murmuré e inmediatamente dejo de llover y se despejo el cielo.
Salté de la cama y mire por la ventana, el chaparrón se había detenido haciendo caso a mis palabras y no podía ser una casualidad porque nunca en la vida el cielo se había despejado tan rápido cuando la lluvia estaba en plena actividad.
― Quiero que me llamen para desayunar y que haya waffles ― ordené.
― Lina ¡Baja a desayunar que llegás tarde a la escuela! ― llamo mi madre.
― Ya voy ¿Qué hay para desayunar? ― Me puse las pantuflas, salí de mi cuarto y baje las escaleras. Sin dejar la satisfactoria sorpresa atrás.
Creyéndomelo.
― Waffles, podes ponerle lo que quieras ― y con un ademan de mano englobó la mesa entera. ― No te excedas.
No voy a describir lo que había en la mesa porque les daría hambre y yo no me quiero acordar porque no va a volver a pasar, eso si, nunca había desayunado tan rico, los sabores era exquisitos. En ese momento no me imaginaba lo que sería el almuerzo y la cena. Si la comida del mundo real es exquisita esta lo es cuatro veces más.
Terminé y subí para mi cuarto a vestirme adecuadamente para ir a la escuela (secundaria).
― Las mantas de la cama se van a tender solas impecablemente. ― Desee y obedecieron. ― Ahhh, ¡es fantástico! ― festejé comenzando a bailar.
― Mi ropa es un pantalón de jean negro y una remera manga larga y suelta color azul― dije eso pero también imagine mi vestimenta, tras observar el satisfactorio resultado decidí agregar un abrigado chaleco con capucha y cierre completamente color negro. ― Perfecto.
Baje a buscar mi mochila y me calce las zapatillas para salir. La vereda aún estaba mojada y el sol no era demasiado fuerte, agradable. Puede que se estén preguntando por qué acepte todo tan rápidamente y por qué no decidí faltar a la escuela, la respuesta a la primera pregunta es esta: Decidí aceptarlo para disfrutar plenamente de eso porque todo se termina y no iba a ser le excepción como leen. Y la segunda es que el número de la bestia en realidad es 616.
Recordé que muchas veces había querido teletransportarse a la escuela y esa fue la oportunidad. Me gustaría, pero no puedo describirles correctamente la sensación; primero me sentí muy liviana, di un vistazo a la vía láctea (o eso me pareció), volví a bajar llegando a mi destino y paré el cronometro; cuatro minutos, treinta segundos y cuarenta y cinco centésimas.
Todos entraban y nadie parecía haberse dado cuenta de mi repentina aparición. Ya dentro del aula les pregunte a mis amigas que profesores les gustaría que falten y mágicamente faltaron el profesor de música, la profe de gimnasia y la de matemática, por lo que tuvimos cuatro horas libres.
― Te dijimos lo nombres y faltaron... ¿Qué hiciste? ¿Quién sos? ―
 Preguntaban ellas y yo me sentía como una deidad así que decidí manejar sus mentes y la de todos mis compañeros para que piensen que siempre fui un hombre. Intente convertirme en uno y fue bastante difícil... pues... nunca había visto uno... emmm... desnudo...
Al final lo logre (sin recurrir a ninguna acción degradante) y me escapé sintiéndome atraída por una fuerza invisible. Caminé un rato por los alrededores de la escuela y al no ver nada interesante me tomé el colectivo hasta el centro.
Me bajé cerca de una antigua tienda donde vendían manga y camine unas cuadras más hasta un hotel. Alto, imponente y lujoso ocupaba más de media cuadra. Me metí por un callejón entre medio del hotel y el edificio de al lado y mirando bien las paredes del lado del hotel encontré una puerta con la pintura saltada. Tomé el picaporte y lo bajé. La puerta se abrió con un chirrido y se prendió una débil luz del lado de adentro iluminando levemente la habitación. Era pequeña, a un lado había unos percheros cargados de abrigos y al fondo una puerta. Delante de la puerta al final de la habitación había un felpudo gastado con la leyenda  ‘Bienvenidos’. Un cartel pegado en la puerta pedía que te limpies los pies antes de entrar y eso hice antes de abrir la puerta y encontrarme con un montón de jóvenes de 13 a 18 años jugando en un salón recreativo que parecía no tener fin.
Una vez dentro de ese lugar el hilo que tiraba de mí se desvaneció.
Un par se giraron para mirarme pero enseguida regresaron su atención al juego de pull que parecía que estaban por ganar. Regresé a la habitación de los percheros y recobré mi aspecto de chica, no podría fingir ser un hombre por mucho tiempo. Entre de nuevo pero esta vez los chicos del pull no se giraron. Avance por entre ellos y me dirigí a donde jugaban a las cartas. Cuando llegue ahí me consideraba buena jugando pero después de dos jugadas me sentía como una novata.
Ese lugar, donde la iluminación no era un lujo y no era raro que una lamparita se nos quemara en la cabeza, fue mi segundo hogar.
Mis notas bajaron, por supuesto, me rateaba de clase, no hacia las tareas, pero cuando iba prestaba algo de atención por lo que aprobé ese trimestre raspando...
Si, soñé más de un mes de mi vida y me la pase bomba con mis poderes divinos. Creo que hasta me conseguí novio, lamentablemente no me acuerdo muy bien.
Ese segundo hogar era un tipo de casino para jóvenes regido por un hotel millonario. Cuando quería el lugar se ponía algo turbio, estaba permitido apostar cualquier cosa, desde una moneda de cinco centavos o un papel de caramelo hasta tu virginidad. Por suerte no había cabaret. El lugar era amplio y había distintas salas de juego, los tradicionales de cualquier lugar al que se vaya a jugar por diversión, los videojuegos y varios juegos de un casino de verdad.
Ese lugar permanecía abierto diez horas, desde las 4.30 de la tarde hasta la 1.30 de la noche por lo que nos veíamos obligados a estar fuera de allí al menos catorce horas.
Una vez que entrabas te sentías obligado a volver todos los días. No entres a menos que tengas una fuerza de voluntad monumental. Cuidado, hay quienes no despertaron por enviciarse terriblemente con ese lugar y son o fueron todas las personas que me encontré allí.

 FIN

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