Todo me hace Mal 7ma parte
Volver a
casa fue difícil. No querías ver a nadie ni querías que nadie te vea. De seguro
todos estarían en casa esperando tu llegada para preguntarte si habías tomado lo
que tenías que tomar, si no te había pasado nada en la escuela y esas cosas que
se le preguntan a un suicida con la ‘suerte’ de tener una familia que se
preocupa por él.
Sacaste la
llave de tu mochila y abriste la puerta sigilosamente intentando vanamente que
no se den cuenta de tu llegada. Dejaste las zapatillas en la entrada, norma de
la casa. Te sacaste la mochila y entraste aún con la ilusión de que no te hayan
oído. Te interceptaron antes de que puedas subir a tu cuarto, como si supieran
lo que ibas a hacer. Contuviste la respiración cuando tu madre te dio la
bienvenida y te avisó de que en un rato iban a empezar a cocinar y que si
quería que les ayude. Le respondiste que tenías cosas que hacer, que pondrías
la mesa.
En
seguidilla cada uno se fue por su lado, vos subiste a tu cuarto y ella se
fue para el living. Te tentaste de abrir
la puerta de una patada pero eso haría que tu madre o quien sea suba corriendo
a ver qué pasaba. Tu libertad era casi nula si estabas dentro de la casa, ya te
habían sacado las pastillas pero igual su libertad te seguía resultando mierda,
a ellos les parecía perfecto.
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