Los gritos resuenan en tu cabeza como ecos, te es imposible distinguir la realidad de la macabra fantasía que ronda tus pensamientos, y cuando la puerta de tu cuarto se cierra de un furioso portazo, te quedas mirando un punto fijo, sin reaccionar.
Caes al suelo de rodillas, con la cabeza gacha, y algunas lágrimas mojan tus piernas. Recién entonces de das cuenta de que has estado llorando.
Quieres levantarte, lavarte la cara y fingir que nada pasó, pero no puedes, tu cuerpo no reacciona.
Lloras toda la noche, y a la hora de la cena, nadie va a buscarte.
El alba trae consigo un espectáculo que pocas veces has tenido la oportunidad de ver, las luces matutinas tiñen el cielo de amarillo y rosa, y las gotas de rocío sobre las plantas brillan cuando los rayos de sol los tocan. Pero no sonríes, como las otras escasas veces que amaneciste tan temprano como para ver el paisaje.
Porque, aunque hables, te muevas y comportes como tal, no estás viva, estás rota, completamente, en pedazos muy pequeños como para recogerlos, y la falta de cada uno se ve cuando sonríes, de una forma vacía y muerta.
No hay nadie a esa hora como para ver cuando te diriges al baño y cierras la puerta con llave, ni cuando las lagrimas amargas que no parecen tener fin, vuelven a surcar tus mejillas.
Parece que no haces otra cosa mas que llorar últimamente.
Suspiras y te limpias la cara. Solo queda seguir con esta farsa.
Aunque no por mucho tiempo...
Me gusta, sigan asiii. Su fan n°1
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