Hola, tanto tiempo, hace mucho que no publicaba nada por acá, así que ya era hora.
Les dejo...
Bruja.
La brisa sopla suavemente sobre tu rostro, removiendo tus plumas mientras
extiendes tus alas. El paisaje urbano es sorprendente desde la altura, bajo la
luz de la luna y las estrellas, con las luces apagadas salvo la de la
habitación de algún estudiante aplicado o algún niño asustadizo.
Sonríes, aunque no pueda verse, y planeas hasta quedar a la altura de la
copa de los árboles bajos, observando por las ventanas como los habitantes de
la ciudad duermen ignorando tu presencia, y la de todos aquellos seres de la
noche que habitan junto a ellos, ignorantes, ciegos.
La ceguera de los humanos siempre te ha parecido divertida siempre
intentando encontrar una explicación a lo que ocurre, no queriendo aceptar lo
sobrenatural ni aunque esté frente a sus ojos.
Te quedas sobrevolando la ciudad durante toda la noche, observando como los
animales se alejan de tu presencia, intuyendo el peligro, y no puedes hacer más
que ensanchar tu sonrisa.
Cuando el alba se aproxima, y el cielo comienza a teñirse de colores, vuelas
hasta una casa, y entras por la ventana, y cuando los primeros rayos de luz
matutina te rozan, y la ciudad comienza a despertar, las plumas se desprenden
de tu cuerpo, y creces hasta adoptar una figura humana.
Suspiras y te desperezas mientras observas tu cuerpo desnudo, las curvas
femeninas que tanto te caracterizan en la escuela y por las que los chicos
suspiran, tu piel nívea y tu cabello negro hasta la cintura, y sonríes con más
fuerza antes de vestirte para comenzar con la semana, para ir al colegio y
fingir que nada ocurre, que en las noches no desapareces en las plumas de un
cuervo y sobrevuelas, asegurándote que la ciudad no corra peligro, que ellos
tus compañeros, los hijos, nietos, tataranietos de aquellas personas con las
que te encariñaste alguna vez estén a salvo de la oscuridad de tu mundo.
Porque finges, finges que eres una simple adolecente, pero no te importa
porque puedes vivir como tal.
Finges que no fuiste amiga de generaciones atrás, que no fueron sus abuelos
quienes te sonreían de esa misma manera cuando ellos creían que eras una
adolecente, mas no te preocupa porque puedes ver reflejada la misma alegría en
sus ojos.
Y sobre todo, finges que no vas a verlos morir ante tus ojos, que no
sufrirás la agonía que realmente vas a padecer, al verlos ya mayores con hijos
y nietos a los que te juraras proteger, que no fingirás morir para solo tener
una muda de esa piel vieja, como una serpiente, y que volverás a la piel de una
niña pequeña mientras tienes la mente de una mujer de cientos de años, mientras
intentas pasar desapercibida y sobre todo, ruegas que todo termine, intentas
convencerte de que la próxima generación no va a ser igual, e intentas olvidarlo
a él, a esos ojos oscuros, a esa promesa de cuidar a sus hijos sin que se
enterasen, que siguió con sus nietos, y sus tataranietos, mientras salvas
generación por generación por un amor ya olvidado, por un hombre al que amaste
y que te abandonó, con un niño en brazos, llorando en un puente mientras
observabas su cuerpo inerte debajo, presa de la desesperación al enterarse la
verdad.
Intentas olvidar el puñal que sentiste se clavaba en tu corazón cuando
entregaste al varón a una familia, con las lágrimas recorriendo tu rostro
mientras decías que no podrías cuidarlo.
Lo sabías, por muy hijo tuyo que fuese, no heredaría tus poderes.
El niño creció con todas las atenciones, mientras lo observabas desde las
sombras, y los mensajeros traían noticias sobre la Reina Victoria.
El tiempo pasó casi sin que lo notases, y comenzaste una universidad con uno
de tus descendientes en una sociedad más moderna, quien aún, a pesar del
tiempo, conserva algunos rasgos tanto tuyos como de tu amado, y a quien nunca
le confesaste la verdad, por terror a su reacción.
Una lágrima surca tu mejilla, y la limpias con un movimiento brusco, y
asientes con seguridad mientras te encaminas a la secundaria.
Esta será la última vez.
Te prometes.
Me encantó.
ResponderBorrarWill.